El cambio climático se ha colado en las agendas de la mayor parte de los gobiernos del planeta, y no solo con el objetivo de frenar el deterioro medioambiental, sino porque algunas políticas se están viendo condicionadas por los efectos de la contaminación.

Este hecho es algo inédito en la historia de la humanidad. Más allá de hacer frente a algunos desastres naturales, las naciones nunca antes han tenido la necesidad de reaccionar frente al constante aumento de la temperatura provocado por la acción del ser humano –y las consecuencias catastróficas que este traerá–.

Decisiones políticas

Así pues, las consecuencias de la contaminación ambiental ya forman parte del discurso político. En regiones como la Unión Europea, de hecho, se han marcado una serie de directrices que los países miembros deberán cumplir si no quieren ser multados. Este tipo de decisiones políticas se podrían catalogar como “directas”, puesto que están enfocadas directamente a atajar este problema de gran magnitud.

Por ejemplo, nuevas leyes sobre las fuentes de energía o el transporte afectan a toda la población (tanto en el día a día como en los impuestos y el gasto del Estado) y su propósito no es otro que reducir la emisión de gases contaminantes.

Sin embargo, las naciones también se ven abocadas a tomar otro tipo de decisiones que sin que nos lo planteemos tienen como causa el cambio climático.

Migraciones

Una de las consecuencias es la proliferación de desastres en forma de sequías, inundaciones, tsunamis… Si el lugar donde se producen no está preparado social y económicamente para hacer frente a los destrozos, se producirá un importante movimiento de la población, es decir, aumentarán las migraciones.

De hecho, de acuerdo con los últimos datos ofrecidos por la ONU, el cambio climático y sus consecuencias provocan más desplazamientos que los conflictos armados. Es más, un estudio publicado en Global and Planetary Change acerca de la migración desde 198 países a 16 estados miembros de la OCDE entre 1980 y 2015, arrojó datos que situaban al ascenso de las temperaturas y el creciente número de desastres naturales como factores claves en los flujos migratorios.

Si a esto se le suma otro estudio del Banco Mundial que asegura que el cambio climático provocará que 140 millones de personas abandonen sus hogares en las próximas tres décadas, la conclusión es que las políticas migratorias de las naciones también estarán afectadas por el deterioro medioambiental. Y al hablar de naciones no solo hay que referirse a los países que sufren los desastres, sino también a los destinos de todas esas personas desplazadas.

Inestabilidad

Otra de las consecuencias de desastres climáticos como las sequías o la desertificación la apunta la UNESCO cuando asegura que “los efectos del cambio climático en el paisaje físico del mundo modifican la situación geopolítica y desestabilizan a regiones vulnerables”, a lo que añade: “Si los gobiernos no son capaces de atenuar ese efecto, los riesgos de conflictos e inestabilidad van a aumentar y serán más difíciles de controlar”.