Deslizándose por la superficie polar en trineo de viento
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Ramón Larramendi, el inventor del Trineo del Viento cuenta cómo empezó esta aventura gracias al apoyo de MAPFRE  y de su Fundación.

¿Cómo surge la idea del Trineo del viento?

El proyecto del trineo de viento nace como el fruto de la experiencia adquirida en la expedición Circumpolar MAPFRE 92, ya que hemos utilizado todo el conocimiento acumulado en esos tres años de expedición en los que recorrimos 14.000 km., de Groenlandia a Alaska, desplazándonos en trineo de perros al estilo tradicional Inuit. En esa expedición vivimos muchas experiencias diferentes que nos enseñaron a viajar por el mundo ártico al estilo tradicional de una cultura milenaria como la del pueblo Inuit. Después de esa expedición viajé con el equipo de Al filo de lo imposible de TVE al Polo norte magnético en 1998 y en 1999 al Polo norte geográfico, fue allí donde surgió la idea de resolver el último gran enigma de la exploración polar: cómo navegar por la superficie del hielo como si de un barco se tratase.

El modelo ha ido evolucionando, ya se han montado diez prototipos

Si, y con ellos hemos realizado ocho grandes expediciones en las que hemos ido avanzando con el sistema prueba-error. Cada viaje nos ha indicado el modelo a seguir en el siguiente.

El trineo de viento ahora se ha convertido en laboratorio móvil de exploración científica
Llevo dieciocho años trabajando en el desarrollo del trineo de viento de los cuales siete los hemos dedicado a probar que era posible navegar. La primera fase culminó con la travesía de la Antártida en 2005-2006. El trineo actual tiene una longitud de 14 metros y está conformado por cuatro convoyes que pueden transportar unos 2.500 kilos y llevar a seis personas a bordo con una autonomía que te permite navegar miles de kilómetros sin ningún tipo de emisiones. La idea es aumentar el número de investigadores que puedan ir a bordo y perfeccionar el sistema para que los trabajos que se lleven a cabo a bordo puedan ser cada vez más complejos. Este sistema es totalmente ecológico y también muy económico. Nuestro objetivo último es que en los próximos años España pueda poner en marcha, usando el trineo de viento, un programa de investigación nacional en el interior del continente antártico.

Puedes ver la entrevista completa en el próximo número de la revista La Fundación.