La economía de Brasil: Oportunidades y retos, por Manuel Aguilera
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La economía de Brasil: oportunidades y desafíos

Manuel Aguilera, Director General del Servicio de Estudios de MAPFRE, explica las oportunidades y los desafíos de la economía de Brasil para este año de 2018.

Brasil parece haber recuperado el pulso económico y, con este, su capacidad para contribuir al aumento del nivel de actividad en América Latina. La economía brasileña consolida su recuperación habiendo crecido por encima de lo esperado en 2017, y apuntalando expectativas positivas en el corto plazo en lo que se refiere a crecimiento, estabilidad financiera e inflación. A pesar de ello, la economía de Brasil se encuentra en una coyuntura fundamental, de la cual podría emerger reposicionándose como una de las economías de mayor potencial global para los próximos años.

La dinámica reciente anticipa que, en el futuro inmediato, el crecimiento de la economía brasileña ganará tracción y solidez, apoyándose primordialmente en la demanda doméstica, lo que le permitirá alcanzar un crecimiento que podría llegar a situarse en el 3%, en promedio, a lo largo de los siguientes dos años. Además, esta reactivación económica ocurre en un entorno favorecido por la paulatina normalización de sus fundamentales, al haberse acometido ajustes importantes en su posición externa, y al haberse corregido algunos de los desequilibrios derivados de la actividad crediticia y del proceso inflacionario.

No obstante, para hacer de la reactivación que hoy vive Brasil un crecimiento sostenido e inclusivo de largo alcance, la economía brasileña deberá enfrentar aún varios retos fundamentales. En primer lugar, son necesarias las reformas estructurales de gran calado pendientes, de entre las cuales la reforma fiscal y la del sistema de pensiones constituyen dos piezas esenciales para seguir adelante en la reducción del déficit y la sostenibilidad de la deuda pública. En segundo lugar, se requiere proseguir con la implementación de medidas para dotar de mayor flexibilidad al mercado laboral y elevar la productividad en la economía, como condición para apoyar el proceso de crecimiento salarial sin contraponerlo a los propósitos de competitividad y control de la inflación. Y en tercer lugar, deberá seguirse avanzando en la reducción de la desigualdad, no solo como la condición necesaria para preservar la estabilidad y convivencia sociales, sino también en la medida en que la polarización en la distribución del ingreso constituye un freno estructural al crecimiento económico en el largo plazo.

Para acometer estos retos, Brasil goza dentro del concierto internacional de la credibilidad institucional de sus administraciones y de su banco central. Por ello, está en sus manos convertir este momento de renovado dinamismo económico en un éxito de largo plazo que fortalezca la confianza en la economía del país, mejore su calificación crediticia y, en última instancia, cree bases para un crecimiento sostenido e inclusivo.

Brasil vive un momento clave. La salida de la recesión parece ofrecer la oportunidad para revertir vulnerabilidades en la economía, y para afrontar el reto de validar la posición del país como una potencia global en términos de su tamaño y capacidad de crecimiento; una economía que guía el futuro de más de doscientos millones de personas, que constituye la octava economía mundial, y cuyo éxito podrá apoyar también el crecimiento y bienestar de otras economías de la región.

Como escribió Celso Furtado en su icónico libro de 1949, Formación económica de Brasil, el desarrollo económico es una “…condición necesaria para resolver los problemas de la sociedad brasileña: pobreza, concentración del ingreso y desigualdades regionales”. Como entonces, en el mundo global de hoy el crecimiento y desarrollo de la economía siguen siendo las premisas para que la sociedad, en el más amplio de los sentidos, avance y se fortalezca; una condición a la que únicamente una política económica consistente y responsable puede dar forma.

Parece que la hora ha llegado para Brasil de abordar los retos del largo plazo, de forma tal que la incertidumbre no haga desaparecer no solo la oportunidad del momento actual, sino también las perspectivas que ofrece el futuro.

Consulta el informe completo sobre el Panorama de 2018 del Servicio de Estudios aquí.