Las últimas previsiones ponen de manifiesto dos ritmos distintos de crecimiento a ambos lados del Atlántico. La rápida respuesta del gobierno de Biden en materia fiscal, la ágil campaña de vacunación o el plan de estímulos han sido algunos de los factores determinantes que han acrecentado las diferencias en la recuperación entre las dos potencias.

Estados Unidos ha roto completamente los esquemas. En un momento tan complicado como el que estamos viviendo, la primera potencia mundial ha sorprendido a todos tras registrar un ritmo de crucero en su recuperación, con unas previsiones al alza gracias a la rápida respuesta del país para acometer medidas inéditas de contención frente a la crisis del coronavirus.

Los datos del informe Panorama Económico y Sectorial, elaborado por MAPFRE Economics, confirman este despunte en su economía para este año, que prevé crecer hasta un 6,6% tras caer un 3,5% en 2020. Europa, por el contrario, se ha ido quedando atrás y las estimaciones son menos optimistas, con un crecimiento esperado del 4% durante 2021, aunque muy condicionado por las restricciones que puedan llevarse a cabo en los próximos meses. Estas cifras invitan a pensar que se están produciendo dos sendas de recuperación claramente diferenciadas.

Y es que ya advirtió el Fondo Monetario Internacional (FMI) que ambas estimaciones podrían “divergir peligrosamente”, en línea con las recientes declaraciones de la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, que afirmaba que, pese a sus intenciones de “avanzar en tándem” con la Reserva Federal americana, las dos economías no se encontraban en la “misma página”.

La nueva actualización del Servicio de Estudios de MAPFRE sobre política monetaria muestra estos mínimos ajustes por parte de la UE y la intención del BCE de mantener los tipos de interés e incrementar el ritmo del programa de compras de emergencia frente a la pandemia (PEPP, por sus siglas en inglés). En el caso de Estados Unidos, que ha acometido el mayor plan de estímulos nunca antes visto desde la posguerra, prevé reducir su política expansiva si los próximos datos de crecimiento, desempleo e inflación confirman la tendencia positiva.

Con todo esto, los datos miran hacia la amenaza de que la brecha económica se amplíe entre los dos bloques.

¿Por qué se están generando dos caminos distintos?

Es un hecho que la campaña de vacunación está siendo uno de los grandes diferenciales en el objetivo último de inmunizar a toda la población y recuperar la actividad pre-pandémica, y los problemas en el suministro de vacunas y la falta de iniciativa para acelerar el plan en la UE han demostrado que Estados Unidos está dos escalones por delante: el gobierno de Joe Biden ha vacunado, hasta el momento, a más de un 40% de los estadounidenses con al menos una dosis (unas 140 millones de personas).

Mientras tanto, en Europa, el ritmo de vacunación es más lento de lo esperado y la meta del 70% de la población inmunizada para verano está muy lejos. Ante un eventual aumento de las restricciones por una nueva oleada de coronavirus, la eurozona podría sufrir un retraso adicional en la recuperación económica.

Por otro lado, los programas de recuperación están siguiendo la misma pauta expansiva a través de la compra de deuda por los bancos centrales. Hasta ahora, el BCE ha mantenido los estímulos (y todo apunta a que los mantendrá durante 2021), y Estados Unidos, “con un logro más rápido de sus objetivos de inflación y pleno empleo”, baraja reducir su Quantitative Easing en el futuro si continúan los datos optimistas.

El estudio de MAPFRE Economics señala además que la disposición de los bancos centrales para dotar de ayudas directas ha sido un alivio para los estados. En este sentido, ambos bloques han conseguido llevar a cabo potentes políticas fiscales para reactivar la economía. Desde Norteamérica, Biden aprobó un paquete inédito de ayudas a familias y empresas de 1,9 billones de dólares que tendrá un “impacto directo en el consumo y en el ahorro”. Por contra, Bruselas se encuentra todavía inmerso en la aprobación del Plan Next Generation UE (NGEU) de 1,8 billones de euros, que irá llegando con retraso a los países durante este año.

Por último, desde finales de 2020, se está produciendo un cambio en la dinámica de precios. En EE.UU., la inflación no parece bajarse del carro del 2% que comenzó desde el estallido de la pandemia, aunque todavía es inferior a las previsiones (escenario del 2,7% para este año). En cambio, Europa, con objetivos poco claros sobre la inflación, que podría mantenerse este año en el 2%, está viviendo perspectivas asimétricas por eventos puntuales como la reforma fiscal alemana, los impuestos al CO2 o el efecto Filomena en España, entre otros).

¿Qué pasará en adelante?

En la zona Euro, la intensificación de la compra de activos sigue siendo una muestra del compromiso del BCE por apuntalar la recuperación en el corto plazo. El estudio subraya que la intención de Lagarde de incrementar el programa de estímulos da la sensación de que no habrá un endurecimiento monetario precoz. Además, la liquidez, los tipos bajos y el apoyo del banco central parecen no poner en riesgo la sostenibilidad del sistema financiero en este momento.

No obstante, en un escenario de mayor incertidumbre, el control sobre la estabilidad de precios, el riesgo de un incremento de las insolvencias por parte de las empresas (con el consecuente aumento de la morosidad en los bancos) y una mala gestión de los fondos europeos podrían generar problemas serios para atajar la crisis en el largo plazo.

Desde la vertiente americana, las estimaciones más recientes invitan a pensar que la recuperación se dará antes de lo previsto, tras una política expansiva que poco a poco parece irse diluyendo y que podría dar lugar a medidas más restrictivas. Los expertos añaden que la FED tiene la complicada tarea de “transmitir claridad en sus objetivos de empleo y en la flexibilidad en la inflación”.

Con la mirada puesta en el medio-largo plazo, el intento del banco central por reactivar la curva de Phillips, en el que la relación entre desempleo e inflación sigue siendo plana, abriría el melón de que estas medidas generen un sobrecalentamiento de la economía, poniendo en peligro la estabilidad financiera del país.