El sector asegurador es uno de los principales inversores institucionales que existe en el mundo, principalmente de los mercados de renta fija. Hasta el punto de que, en algunos casos, como ocurre en Reino Unido, el volumen de su cartera de inversiones supera incluso el 100% del PIB del país. Es por eso que las aseguradoras contribuyen a la formación de capital otorgando recursos para la financiación de largo plazo de proyectos que impulsan el crecimiento económico.

MAPFRE es, de hecho, uno de los principales inversores institucionales de este país. Es más, se podría decir que es uno de los principales financiadores privados del déficit español. Según las últimas cuentas consolidadas del grupo, a cierre del tercer trimestre, la cartera de inversiones de MAPFRE alcanzó los 54.750 millones de euros, de los que 18.811 millones de euros corresponden a deuda pública española. El saldo vivo de bonos emitidos por el Tesoro Público español se sitúa en 881.847 millones, según sus últimas cifras de agosto, con lo que MAPFRE cuenta con cerca del 2% de toda la deuda pública española.

Otros grupos aseguradores apuestan más por la deuda privada. En el caso de la aseguradora española, el volumen de la deuda pública asciende a 30.869 millones, es decir, el 56,38% del total, mientras que cuenta con 9.643 millones en bonos corporativos (el 17,61%). En la cartera agregada de inversiones del negocio tradicional (excluido el negocio tipo unit-linked) de los grandes grupos (Allianz, Axa, Generali, Aegon y Zurich) predomina la renta fija corporativa, que representa el 40,3% de las inversiones. Como explica Ricardo González, director de análisis sectorial del Servicio de Estudios, esto se produce porque estas compañías cuentan con carteras muy grandes de deuda privada en Estados Unidos “donde tienen acceso a un mayor número de emisiones de bonos corporativos con duraciones significativas y elevada calidad, que ofrecen rentabilidades más altas”. La renta fija soberana al cierre de 2018 representaba el 34,2% de la cartera, viendo reducido su peso en 1,05 puntos porcentuales en 2018 respecto al cierre del año anterior.

La cartera de MAPFRE destaca además por su elevada calidad crediticia además de que más del 90% de los activos tienen los scoring más altos en términos de ESG. Al contar con una alta exposición a la deuda pública española, la calidad de su cartera de inversiones está muy condicionada por la evolución del ráting del Reino de España y, en este sentido, éste ha registrado subidas en los últimos años. Actualmente, mantiene las notas de Baa1, según Moody’s, de A según S&P y de A-, un escalón menos, por parte de Fitch. Como consecuencia, el 77,1% de las inversiones de MAPFRE se encuentra en activos con una calificación que va entre A y AAA, la máxima nota posible.

Condicionados por la regulación

Pese a que en los últimos años el entorno de bajos tipos de interés ha metido mucha presión, principalmente en la eurozona, las aseguradoras han elevado sólo ligeramente el riesgo de sus inversiones (por ejemplo, con inversiones alternativas o con más renta variable). Y es que, como explican en el Servicio de Estudios de MAPFRE, a diferencia de lo que ocurre con otras entidades financieras, “el modelo de negocio asegurador conlleva la necesidad de implementar estrategias de inversión orientadas por el pasivo (liability-driven investment strategies) con el objetivo de lograr un adecuado casamiento en plazo y tipos de interés entre los pasivos asumidos y los instrumentos de inversión que los respaldan, lo que introduce restricciones a la hora de realizar relocalizaciones significativas en sus carteras del negocio tradicional”. Asimismo, según añaden, “los regímenes de regulación de solvencia de estos mercados están basados en riesgos por lo que penalizan en términos de capital regulatorio cualquier movimiento hacia mayores niveles de riesgo”. Por ejemplo, las inversiones en bonos soberanos de países del Espacio Económico Europeo (EEE) no tienen carga de capital por riesgo de diferencial, siempre que estén denominados y financiados en su misma moneda, mientras que, en el caso de inversiones en renta variable, la carga bruta de capital aplicable a las acciones cotizadas en mercados regulados de la OCDE es del 39% del valor de las acciones.

Esta tendencia que se observa en estos grandes grupos aseguradores, también se ve en el resto del sector. Las carteras de las compañías aseguradoras de todo el mundo tienen una característica en común: su perfil conservador. Según el último informe publicado por la OCDE sobre el sector asegurador, las letras o papel de renta fija a corto plazo y los bonos tienen un peso superior al 50% en las carteras de las aseguradoras de la mayor parte de los países del mundo (39 de los 51 analizados en el documento). Destacan Hungría, Brasil y México, en los que representan más del 80% teniendo en cuenta inversiones directas o a través de fondo.