A nivel mundial, la inversión sostenible supera actualmente la cifra de 30 billones de dólares. El aumento ha sido prácticamente del 70% desde 2014 y de 10 veces desde 2004.

Sin duda, este descomunal aumento puede atribuirse a una mayor concienciación y al consiguiente compromiso de las empresas y los inversores. Las empresas han aprendido a valorar cómo la inversión socialmente responsable puede contribuir a salvaguardar su futuro a largo plazo mediante la sostenibilidad. Los inversores han observado cómo estas inversiones ganan terreno y han asignado una parte de su cartera a las mismas. Por otro lado, la sociedad ha decidido colectivamente que está harta del viejo modelo de «explotar al máximo y luego descartar» y ha exigido un cambio de paradigma hacia el modelo de «personas, planeta y beneficios».

Pero no piense ni por un minuto que estas ingentes asignaciones de activos a las inversiones ESG (medioambientales, sociales y de gobernanza) están impulsadas únicamente por algún tipo de cambio de conciencia a nivel macroeconómico, con los megafondos acumulando dinero en efectivo para salvar su conciencia, o que la comunidad inversora está comprando estos fondos únicamente sobre la base de algún tipo de compensación kármica. La realidad es totalmente opuesta. 

Un reciente informe de McKinsey ha analizado de forma exhaustiva más de 2.000 estudios sobre el impacto que las propuestas ESG tienen en la rentabilidad de la renta variable en general, y ha constatado que el 63% de los estudios concluyeron con resultados positivos.

Muchas empresas saneadas, estables y rentables, con una gestión deficiente de los flujos de caja, pueden luchar por sobrevivir a una sequía imprevista sin que entre dinero en efectivo, como hemos podido observar durante el confinamiento forzoso y el consiguiente cierre de empresas en todo el mundo a consecuencia de la pandemia de COVID-19. El estudio anual de McKinsey sobre el tema revela que los criterios de ESG impulsan los flujos de caja de cinco maneras significativas.

Impulso del crecimiento de los ingresos

Las empresas centradas en los aspectos ESG están bien posicionadas tanto a nivel de los consumidores como de los gobiernos. En lo que respecta a los consumidores, significa que les resulta más fácil consolidar su cuota de mercado, evitar los avances de la competencia y lanzar nuevos productos. Asimismo, su buena situación social favorece una aprobación más rápida de los gobiernos en lo que respecta a la concesión de autorizaciones y licencias normativas, lo que facilita su expansión a nuevos territorios, ampliando así su presencia mundial y diversificando aún más sus fuentes de ingresos.

Reducción de costes

Aprovechar de forma eficaz la «E» (ambientales) de ESG puede reducir los costes de explotación de una empresa, y el ahorro pasa directamente a la cuenta de resultados. Obviamente, los recién llegados al grupo de ESG tendrán que asumir algunos costes puntuales de adaptación y reestructuración de procesos comerciales, pero los conversos de hace tiempo ya están notando los beneficios. Como señala McKinsey, FedEx está haciendo un firme esfuerzo para que toda su flota de vehículos funcione con motores eléctricos o híbridos, y el 20% que se ha reconfigurado está proporcionando un ahorro de 190 millones de litros al año.

Aprobaciones legales y normativas más ágiles

Un compromiso firme y coherente en materia de ESG mejora la imagen pública de una empresa, lo que puede ayudar a mejorar los engranajes administrativos al entrar en nuevos mercados o al solicitar licencias de explotación en sectores sensibles o altamente regulados. Y los gobiernos que buscan aliados en las asociaciones público-privadas lógicamente tendrán que recurrir a organizaciones con buena reputación social antes que a sus competidores menos transparentes y comprometidos. Es menos probable que la supervisión y/o la intervención de los gobiernos en las industrias críticas repercuta en las empresas que se centran de forma proactiva en la «G» (gobernanza) de ESG, lo que en última instancia puede costar millones en términos de apelaciones legales, aprobaciones de adquisiciones rechazadas y reputación corporativa.

Personal comprometido

La gente quiere sentirse bien en las empresas para las que trabaja. Las organizaciones que cumplen con la «S» (social) de ESG disfrutan de una mayor productividad, y una mayor productividad se traduce directamente en mayores beneficios. Sin mencionar la retención y la captación de talentos, aspectos de vital importancia para aquellas empresas que buscan perfiles de gran demanda para liderar sus estrategias de transformación digital. Por el contrario, las organizaciones que dejan de lado la dimensión social en su incesante búsqueda de beneficios se tropezarán con algún obstáculo en el camino: unas relaciones laborales inadecuadas darán lugar a más huelgas, una mala supervisión de los colaboradores subcontratados puede perturbar las cadenas de suministro y el sentimiento de los consumidores puede debilitarse bruscamente en un contexto de ralentización económica.

Mejores marcos de inversión

Una propuesta sólida de ESG puede impulsar la rentabilidad de la inversión de una empresa al dirigir el capital a oportunidades prometedoras que pueden ofrecer rendimientos superiores al estar involucrada desde el principio. El hecho de actualizar la asignación de capital de inversión también puede ayudar a evitar costosas amortizaciones de inversiones históricas que han llegado al final de su vida útil. Es mejor adaptarse y gastar en el presente que correr el riesgo de tener que ponerse al día en el futuro.

Si los beneficios extraordinariamente sólidos de ESG parecen demasiado buenos para ser verdad o demasiado para «salvar el planeta», basta con echar un vistazo a los creadores de lluvia del mundo de las inversiones globales y la seriedad con la que se están tomando las cosas. McKinsey recuerda la impactante carta del año pasado de Larry Fink, de Blackrock, en la que exponía las nuevas reglas del juego para los directores ejecutivos, diciéndoles, en términos inequívocos, que los drásticos cambios en la asignación de capital se estaban produciendo a raíz de la respuesta de los gestores de fondos al impacto del cambio climático. Como declaró Fink, «una empresa no puede lograr beneficios a largo plazo sin adoptar un propósito y considerar las necesidades de una amplia gama de grupos de interés».