Los médicos, los políticos y la sociedad en general se han enfrentado a un problema desconocido con consecuencias también difíciles de prever. También los economistas, que ven como todo el instrumental de análisis macroeconómico y macrofinanciero con el que contaban hasta ahora para realizar sus estimaciones no sirve para poder medir el posible impacto de la actual crisis sobre la economía. “Es un momento económico de libro, en el que uno ya no se puede apoyar en lo que ocurrió en la crisis financiera de 2008, ni en las puntocom de Estados Unidos de comienzos de 2000, ni siquiera en la crisis de los países emergentes”, señala Gonzalo de Cadenas-Santiago, director de análisis macroeconómico y financiero de MAPFRE Economics, el servicio de Estudios de MAPFRE, durante una entrevista con el programa de radio Empresa360, de Libertad FM. Para el experto, resulta crucial para la hemorragia en el corto plazo y promover la estabilización de la economía a largo plazo. “Hay que evitar que un problema de liquidez se convierta en un problema de solvencia a largo plazo”.

El contexto actual ha obligado a la Reserva Federal de EEUU a modificar su mandato y a mostrarse más flexible ante presiones inflacionistas. “Durante los últimos 30 años, ha sido la principal preocupación de los economistas, cuando había inflación acerca de la de preocuparse. Yo hoy en día me preocuparía más porque no haya inflación o haya deflación en un momento en el que tenemos la deuda tan elevada, tanto como la tuvo Japón en los 90”, señala el economista, que recuerda que, no obstante, “en el pasado ya se ha estado coqueteando con cambios en el objetivo en política monetaria, objetivos asimétricos sobre la inflación o la posibilidad de usar como referencia el PIB nominal”. Considera que es un cambio que puede importarse a Europa, “pero a corto plazo lo que más le interesa a Europa es estabilizar la economía hacia abajo, es decir, que no haya una contracción nominal de la economía que pueda socavar más o producir mayores efectos sobre el problema de deuda”.

Esta situación podría poner en un aprieto al Banco Central Europeo (BCE), si acabaran llegando esas presiones inflacionistas, “dadas las asimetrías de crecimiento, renta y contexto de precios que hay en el norte y el sur y, por supuesto, también por su expresión nominal y fiscal”. De hecho, el experto de MAPFRE Economics explica que, a medio plazo y largo, sí podemos enfrentarnos a un problema de inflación, “debido a las rigideces de los sistemas productivos y a los problemas de ofertas que van a derivarse de una crisis prolongada, pero también como consecuencia del torrente monetario ingente que se inyectó en 2008, y que no se había digerido hasta hoy, y que se ha vuelto a reactiva hoy”.

En el caso concreto de España, el Banco de España empeoró sus previsiones de crecimiento y adelantó una tasa de desempleo que podría superar el 22% en el peor escenario. En este sentido, el experto del servicio de estudios de MAPFRE cree que dependerá de la flexibilidad con la que se dote a la economía de aquí en adelante y la gestión que se haga de los Ertes. “Hay que conseguir que un mercado de factores, como es el mercado de trabajo, sea lo más flexible y dinámico posible. Y eso hará que el paro encuentre alguna cota”, añade.

Pese al importante crecimiento del endeudamiento, De Cadenas-Santiago recuerda que los spreads en España siguen contenidos, precisamente gracias al apoyo europeo. Pero recuerda que también va a depender de cómo se financien finalmente esas ayudas. “Europa va a crear un activo nuevo que se convertirá en refugio, lo que puede provocar cierto repunte de los tipos de interés de la deuda de algunas economías”. Si esto se produce, se podría restar presión sobre el sistema financiero, cuyos márgenes se ven mermados por unos tipos tan bajos, pero es cierto que también podría provocar que a España y a otros países periféricos les aumente la prima.

A su vez, el economista hizo un breve análisis sobre la situación que se vive en Latinoamérica. “Hay ‘varias latinoaméricas”, una que tiene un peso muy relevante por Brasil o México, con dinámicas distintas. Y luego hay un cúmulo de ‘otras latinoaméricas’ compuesta por los andinos y los otros países que son menores en términos económicos”. En general, en su opinión, todos lo tienen difícil porque tienen limitado el apoyo público. “En estos países, la falta de recursos produce un confinamiento más largo, menor actividad y esto también produce quiebras del tejido productivo. Lo tiene difícil estructuralmente, pero también son más flexibles”, concluye.