Su llegada al Banco Central Europeo (BCE) fue algo más tarde de lo que preveía. Philip Lane, nacido en Dublín hace 50 años, se postuló para la vicepresidencia de la institución en 2018, pero pese a contar con el respaldo de la Eurocámara por su experiencia en política monetaria y su independencia, el español Luis de Guindos le arrebató el puesto. Hace justo un año aterrizó en el comité ejecutivo del BCE como economista jefe. En ese momento, la economía de la eurozona ya presentaba síntomas de ralentización, pero todavía se manejaban previsiones del 1,4% para 2020. Ahora, augura una caída de entre el 8 y el 12%. El papel de Lane, pese a que finalmente ocupó un puesto aparentemente menor en el orden jerárquico, ha cobrado especial relevancia, precisamente, por la crisis del Covid-19.

Como se incluía en un artículo reciente del The Economist, Lane es el artífice técnico de las políticas anunciadas para luchar contra la pandemia. En concreto, el ataque al virus del BCE se ha producido en dos frentes principales, la flexibilización de los colaterales para poder acceder a la liquidez y la compra de activos mediante el nuevo Pandemic Emergency Purchase Programme (PEPP): un cheque de 750.000 millones euros para la economía real a través del canal bancario. “La labor del BCE (más allá de la entrega de soporte monetario) estriba en ser un mecanismo catalizador y mitigante de las políticas soberanas de cada país, acomodando la expansión fiscal descoordinada de cada estado miembro y comprometiéndose a hacer todo lo que haga falta (gestión de expectativas)”, señalan en MAPFRE Economics, el Servicio de Estudios de MAPFRE.

Precisamente, el nuevo programa de compra de deuda, que además no está ligado al peso que tenga sobre el PIB cada economía, como los anteriores ‘QE’, ha logrado aplanar las curvas de la deuda y, por tanto, reducir los diferenciales. Un incremento de las primas de riesgo sería demoledor en un momento en el que, precisamente, los gobiernos tienen que apelar a los mercados de capitales para financiar multimillonarios planes de choque que han ido anunciando. Sólo en el caso de España, por ejemplo, la deuda sobre el PIB podría dispararse por encima del 120%. Lane, de hecho, se ha pronunciado sobre esa labor implícita del BCE de aplanar los diferencias, aunque no de eliminarlos, pocas semanas después de las desafortunadas declaraciones de la presidenta Christine Lagarde sobre que “no estamos aquí para cerrar los spreads”.

En este sentido, Lane es una figura que se considera perfecta para complementar los perfiles más políticos, tanto de Lagarde como del vicepresidente, Luis de Guindos, lo que también juega en favor de proteger la independencia de la institución. El irlandés se graduó en Economía con honores por el Trinity College de Dublín. Al poco tiempo, se mudó a Estados Unidos, donde obtuvo un Máster en Economía por la Universidad de Harvard, institución en la que también obtuvo su doctorado en 1995, con una tesis centrada en la macroeconomía internacional. Tras convertirse en doctor en Economía, fue profesor asistente en la Universidad de Columbia (Estados Unidos) entre 1995 y 1997, tras lo cual volvió a Irlanda a ejercer como profesor en la misma universidad en la que se graduó. En noviembre de 2015 fue nombrado gobernador del Banco de Irlanda, cargo que ostentó hasta su incorporación en el BCE.

No sólo su rol cobra importancia por los aspectos técnicos de las medidas contra el Covid-19, también para asegurar esa independencia del BCE, en un momento en el que el Tribunal Constitucional alemán ha declarado parcialmente inconstitucional las compras de deuda impulsadas por Mario Draghi hace ya cinco años. Algunos temen que el nuevo programa pueda enfrentarse a un desafío legal a continuación. “El fallo (del tribunal) puede limitar el papel de la institución comandada por Christine Lagarde en la compra de bonos como parte de su nuevo programa de estímulo (PEPP), dado que es probable que se presenten nuevos casos judiciales para impugnarlo a tenor de que puede implicar una financiación encubierta de algunos estados miembros, lo que reactivaría las dudas sobre la sostenibilidad fiscal”, sostiene Gonzalo de Cadenas-Santiago, director de análisis macroeconómico y financiero de MAPFRE Economics. 

Sobre este asunto, Lane se pronunció en una reciente entrevista con el diario ELPAIS: “Somos un banco central independiente. El BCE es una institución única, con 19 países miembros, lo que puede provocar algún dolor de cabeza. Pero el hecho de que 19 países se estén vigilando también ayuda a garantizar que seamos independientes. Y la independencia viene con responsabilidad: rendimos cuentas al Parlamento Europeo, y, por supuesto, estamos sujetos a las sentencias del Tribunal de Justicia de la UE, que ya ha fallado a favor de nuestro programa de compra de activos del sector público”.

Por tanto, Lane se ha convertido en una pieza clave en política monetaria que, a su vez, ha logrado alinearse con la política fiscal. Van de la mano. Su siguiente prueba de fuego es cuando tenga que defender esas palabras de “cumplir con el mandato del BCE”, lo que le obligará, aunque en un futuro no muy cercano, a subir los tipos de interés. Es ahí cuando se volverá a producirse el choque con los gobiernos, aunque Lagarde debería tomar el relevo porque ese momento ya no hará tanta falta mantener la confianza de los inversores como ahora (que lo hace mejor un economista), sino que habrá que ganarse a los gobernantes (que lo hace mejor una política).