La inversión socialmente responsable se encuentra en una etapa de constante crecimiento. Sin embargo, ya no basta con sacar al mercado productos financieros que cumplan con los criterios ASG, es decir, medioambientales, sociales y de gobernanza, sino que es necesario medir el impacto de esas inversiones.

MAPFRE es un ejemplo de compañía que está dando ese paso. Recientemente, su gestora, MAPFRE AM, llegó a un acuerdo con Global Social Impact (GSI) para lanzar su primer fondo de impacto social. Pero, a su vez, se está trasladando esa concienciación a todo el balance y a todo el proceso de inversión.

Alberto Matellán, economista jefe de MAPFRE Inversión, participó esta semana en el evento “El rol del inversor institucional en la inversión de impacto”, organizado por SpainNAB y SpainSif. El experto explicó que un grupo del tamaño como MAPFRE está condicionado por tres cuestiones cuando se plantea trasladar todas sus inversiones a inversiones de impacto.

Por un lado, MAPFRE es un gran tenedor de activos y, además, contamos con un modelo de co-inversión, es decir, invertimos donde invierten nuestros clientes. A su vez, somos una aseguradora, con lo que tenemos condicionantes regulatorios muy estrictos. Y la última cuestión hace referencia a la escala. “Gestionamos activos por valor cercano a 50.000 millones, con lo que trasladar todo a inversión de impacto es un proceso complejo y que hay que ir haciendo poco a poco”, señaló Matellán. Pese a estas dificultades, según explicó el economista, los resultados están siendo muy positivos y “tanto nuestros equipos como nuestro clientes están cada vez más mentalizados de que la inversión de impacto es el camino”.

Matellán destacó que MAPFRE, además de sacar productos al mercado, está llevando a cabo una importante labor de investigación. Por ejemplo, mantiene un acuerdo con las Universidades de Siena y Cranfield. Pero, a su vez, acaba de lanzar el Observatorio MAPFRE de Finanzas Sostenibles, que pretende ser un foro de instituciones académicas con el que el Grupo asegurador quiere impulsar el desarrollo de instrumentos financieros, seguros y pensiones, que cumplan con criterios de inversión socialmente responsable.

Los expertos que participaron en el evento se plantearon el papel que debe jugar la regulación para fomentar que haya una mayor concienciación en este sentido y facilitar el incremento de la oferta de productos de inversión de impacto. Para Matellán, y de cara al inversor institucional, “la regulación tiene que apoyar, pero es importante que ese apoyo llegue mediante incentivos”.

Junto con el mayor interés del institucional, se está constatando un mayor apetito por parte del inversor minorista. “Tenemos una red comercial muy grande con contacto directo con el cliente y lo que nos transmiten es que el cliente tiene un profundo desconocimiento de la inversión social y de impacto pero que, cuando se le explica bien lo qué es, se implica rápidamente y muestra muchas ganas de invertir”, añade Matellán.

Para favorecer la comercialización de estos productos, tendría sentido estandarizar los sellos o etiquetas de calidad que los avalen. En Francia están muy avanzados y, de hecho, como recuerda Matellán, varios fondos de MAPFRE de la Sicav de Luxemburgo se encuentran en proceso de obtener uno de estos sellos. Sin embargo, según el economista, “debería haber un sello europeo, principalmente para empresas como MAPFRE que pretenden comercializar estos productos en todos los países en los que opera”.