El sector asegurador cumple con las características de lo que se puede considerar un inversor ultraconservador. Y es que casi el 70% de sus inversiones corresponde a renta fija, tanto soberana como corporativa. Es, a su vez, uno de los mayores inversores institucionales y cumple una labor económica importante: las aseguradoras contribuyen a la formación de capital por medio de un flujo estable de recursos para la financiación de largo plazo que impulsan el crecimiento económico. Y apoyan, a su vez, la estabilidad del sistema financiero proveyendo de un mecanismo que reduce la pro-ciclicidad en momentos de crisis. Estas son las principales conclusiones recogidas en el nuevo informe publicado por el Servicio de Estudios de MAPRE sobre Inversiones del Sector Asegurador. En él se ofrece una visión comparada de la distribución de las inversiones de las entidades aseguradoras por tipología de activos en una selección de mercados, tanto desarrollados (Japón, la Eurozona, Estados Unidos, Reino Unido y España) como emergentes (Brasil y México).

¿Por qué el sector asegurador destina tanto dinero a renta fija, además, en un momento en el que los tipos de interés en buena parte del mundo se encuentra en zona de mínimos históricos? A diferencia de otras entidades financieras, el modelo de negocio asegurador conlleva la necesidad de implementar estrategias de inversión orientadas por el pasivo con el objetivo de lograr un adecuado ‘casamiento’ en plazos, divisas y tipos de interés entre los pasivos asumidos y los instrumentos de inversión que los respaldan. En total, las aseguradoras de las regiones analizados contaban con inversiones por valor de 19,53 billones de euros a cierre de 2018, con un importante peso de la Eurozona, Estados Unidos y Japón. En algunos mercados, las inversiones se acercan al 100% del PIB, como es el caso de Reino Unido. “Las decisiones de inversión de las entidades aseguradoras están condicionadas por los pasivos que emiten, es decir, por los productos de seguros que ponen en el mercado. Se dice que es un modelo de negocio del tipo “liability-driven”. Esto significa que deben estimar los flujos de pago futuros por los compromisos asumidos en sus pólizas de seguros y adquirir inversiones que les permitan hacerles frente, en el momento en el que resulten exigibles”, señala Ricardo González, director de análisis sectorial y de regulación del Servicio de Estudios de MAPFRE.

El Servicio de Estudios ha tenido en cuenta para realizar este análisis la cartera de inversiones tradicional o aquella en la que el riesgo de las inversiones queda retenido en el balance de las entidades aseguradoras. Esta la ha separado de la cartera que respalda productos en los que el tomador del seguro es quien asume el riesgo de la inversión, tipo Unit Linked. Y es que en estas últimas el riesgo o las decisiones de inversión no recaen en la entidad aseguradora, sino que se ven influidas por las decisiones que adoptan los tomadores del seguro.  En total, de esos 19,53 billones de euros, una media cercana al 70% está invertido en renta fija, tanto soberana como corporativa. Por ejemplo, en el caso de la eurozona, esta representa el 65,9%, frente al 65,1% de Estados Unidos. En Estados Unidos, existe un mayor peso de la renta fija corporativa frente a la soberana, debido a la amplitud del mercado de capitales del país, que ofrece más posibilidades a la hora de encontrar emisiones de este tipo en las que invertir, con una amplia variedad en cuanto a las duraciones y niveles de calidad crediticia. “El mercado de bonos corporativos en la eurozona es amplio, pero está menos desarrollado que el de otros mercados avanzados, especialmente el de los Estados Unidos. Esto implica que no es fácil encontrar bonos emitidos por empresas con una calificación similar a las de la deuda soberana y duraciones suficientes para cubrir los compromisos asumidos. Hay pocos emisores de bonos a largo plazo. Por eso se recurre tanto a la deuda soberana”, explica Ricardo González.

Por primera vez, el estudio incorpora el análisis de Japón y es importante ver el impacto que ha tenido un episodio tan prolongado de tipos de interés tan bajos sobre las decisiones de inversión. A cierre de 2018, el mercado asegurador japonés presentaba un elevado porcentaje de inversiones en moneda extranjera (el 25% del total), tras experimentar un incremento de 12 puntos porcentuales entre 2008 y 2018. Esto se debe a que han tenido que elevar sus inversiones en el extranjero, principalmente en bonos de EEUU, puesto que les ofrecen unos mayores rendimientos. En un entorno de tipos tan bajos durante tanto tiempo, no podían mantener el retorno de las inversiones y alinear al mismo tiempo la duración de activos y pasivos con bonos nipones. Esto ha provocado, sin embargo, que las aseguradoras se encuentren más expuestas a los mercados internacionales y al riesgo de las oscilaciones de los tipos de cambio. “La composición del negocio asegurador de cada mercado es un elemento determinante de las inversiones que realizan las entidades aseguradoras. En los mercados menos desarrollados, en los que prevalecen los productos de seguros de No Vida y los productos de ahorro, las inversiones tienden a ser más conservadoras. Conforme se eleva el nivel de sofisticación de los mercados, surgen otro tipo de productos con componentes de inversión en los que son los tomadores los que deciden sobre la tipología y asumen el riesgo de los activos en los que se materializan las inversiones”, añade González.

El caso español destaca por tener un mayor peso la deuda soberana y más reducido en renta variable respecto al resto de los países de la eurozona. Mientras en 2008, las inversiones en renta fija representaron el 62,7% del total, para 2018 ese porcentaje se había elevado al 75,7%, principalmente deuda soberana (un 56,9% de la cartera total). Por tanto, queda patente el rol tan importante que juega el sector asegurador como uno de los principales prestamistas del Estado. “La deuda soberana es uno de los activos financieros más seguros en los que pueden invertir las entidades aseguradoras. El Estado es el mayor emisor de deuda de un país, lo que facilita a las entidades encontrar bonos cuando emiten sus pólizas de seguros, con las duraciones financieras necesarias para poder respaldar adecuadamente sus compromisos”, justifica el ejecutivo del Servicio de Estudios. “Es además un mercado (el de deuda soberana) que goza de gran liquidez, lo que les facilita adaptar su cartera con facilidad en el caso de producirse desviaciones de los flujos de pagos previstos, sobre los cuales existe siempre cierta incertidumbre, por la propia naturaleza del negocio asegurador. Influye asimismo el hecho de que los requerimientos de capital regulatorio son inferiores a los de cualquier otro activo”, concluye.

En qué invierten las grandes aseguradoras

El informe también incluye una comparativa de las inversiones de los mayores grupos aseguradores europeos (Allianz, Axa, Generali, Aegon, Zurich y MAPFRE). Entre todos ellos, tienen una cartera que ascendía a 2,75 billones de euros. De nuevo, en las carteras de inversiones del negocio tradicional de estos grupos existe un predominio de la renta fija corporativa y de la renta fija soberana, que representan el 40,3% y 34,2% del total de las inversiones, respectivamente.

MAPFRE destaca por su perfil conservador. Según las últimas cuentas consolidadas del grupo, a cierre de 2019, la cartera de inversiones de MAPFRE alcanzó los 53.522 millones de euros, de los que el 73,7% corresponde a deuda pública y privada. De ese importe, un total de 18.181 millones de euros están invertidos en deuda pública española. Además, la cartera de MAPFRE destaca por su elevada calidad crediticia. Al contar con una alta exposición a la deuda pública española, la calidad de su cartera de inversiones está muy condicionada por la evolución del ráting del Reino de España y, en este sentido, éste ha registrado subidas en los últimos años. Actualmente, mantiene las notas de Baa1, según Moody’s, de A según S&P y de A-, un escalón menos, por parte de Fitch. Como consecuencia, el 77,1% de las inversiones de MAPFRE se encuentra en activos con una calificación que va entre A y AAA, la máxima nota posible.